-Tengo frío.
-Ponete así. Me gusta tenerte así.
-La pierna. Acá. Así.
-¿Estás bien?
-¿Y vos?
-Muy.
-Ah.
-¿De qué te reís?
-Para mí, fue una sorpresa. Quiero decir: después. Me parecía increíble que el mundo no hubiera cambiado. Me miré al espejo y yo tampoco había cambiado y me mordía los labios. Quise estudiar y no pude. Quise estar con mis amigas y no pude. Quise escribir cartas, quise trabajar. Quise dormir y tampoco pude.
-¿De eso te reís?
-No me bañé. Tenía tu olor en todo el cuerpo.
-¿De eso?
-No, no. Después te digo.
-Ahora.
-No, después.
-No me interesa.
-Entonces te lo digo. Lo bien que me caés. Eso.
-¿Eso? ¿Y entonces yo?
-¿Qué?
-Mucho más que eso. Contigo no siento miedo de nada.
-Mirá que no soy una santa. Me como las uñas. Te advierto.
-El miedo es una porquería.
-Y sí. Pero, ¿quién no siente miedo?
-¿Vos sentís?
-No tires ahí la… No seas chancho.
-¿Miedo de qué? ¿De que estemos así, como estamos?
-No sé. O sí sé. Siento, como cualquiera.
-Pero juntos, no. Juntos estamos a salvo. Al miedo lo ponemos bajo la suela del zapato y crash: lo aplastamos como a una porquería.
-Oigamé, Pirata. Prometamé, Pirata.
-La escucho. Prometo.
-¿En serio?
-Sí.
-Nunca vamos a dejar que esto se pudra. ¿Eh? No vamos a permitir nunca que esto se pudra.
-¿Nada más que eso? Es fácil.
-No.
-¿No qué?
-No es nada fácil.
-Si usted lo dice.
-Y nunca nos vamos a lastimar. ¿Nos prometemos eso? Es peligroso.
-¿Dejar el cuero en el alambrado?
-Algo así. Puede ser.
-Tanta alegría. Es un regalo. ¿Por qué nos vamos a joder? No me gusta que te pongas solemne.
-¿Qué hora es? Uy, hace dieciocho horas que estamos por levantarnos.
-Nos vamos a enfermar.
-Tendríamos que levantarnos.
-Nos vamos a evaporar.
-¿No íbamos a ir al cine?
-¿Cuándo fue eso? ¿Ayer? ¿Anteayer?
-¿No ibamos a bajar a comer?
-Sí. Tendríamos que levantarnos.
-Esto es mejor que Buster Keaton.
-Esto es mejor que todo.
-No hay nada que…
-Ponete así. Así. Me gusta dormir así.
-Vas a dormir.
-No. Zonzo. Quiero que te quedes. Quedate. Quiero.
-Yo también quiero. Cuando era chico, me alcanzaba con querer una cosa con muchas ganas, para que ocurriera. Cerraba los ojos, pensaba con todas mis fuerzas en eso que quería y zácale: ocurría.
-Cuándo yo era chica, lo que quería era un telescopio.
-¿Uno de esos grandes, que usan los astrónomos?
-Uno enorme. Yo lo había visto en el museo. Como no tenía telescopio, siempre me parecia que se había escapado alguna estrella.
-¿Y eso te importaba?
-Vivía deseando que se viniera la guerra. Una guerra bien grande, para mezclarme con los japoneses y robarme el telescopio. Alguien iba a romper los vidrios a patadas y yo iba a aprovechar y me iba a escapar corriendo con el telescopio entre los brazos. Pero solita no me animaba.
-Hubieras probado.
-¿Y vos?
-¿Yo? Yo era católico, cuando chico.
-¿Como es creer en Dios Mariano? Nunca creí.
-Como creer en la revolución, me imagino. Te da la misma alegría y la misma sensación de no estar solo. Cuando era chico, yo no sentía miedo nunca. Pero un buen día… No, nada.
-Me gusta escucharte.
-Nada.
-Andá, no seas malo.
-Dame un cigarrillo.
-Esperá, no apagues.
-Quiero decir que un buen día lo buscás y no está. Quiero decir: perdés a Dios como se pierde una cosa. Algo que se cae del bolsillo. Como se pierde un encendedor, así.
-Para mí, Dios era un señor de barba que metía miedo a los demás.
-Para mí no.
-Ya veo.
-Era mucho más que eso, para mí. Todavía no sé con qué se rellena ese agujero.
-Ahora es usted el que se puso solemne, Pirata.
-Puede ser, perdona.
-Pero… Mariano. Estás triste. Te vino la tristeza.
-No.
-¿No qué?
-No estoy triste.
-Sí estás.
-Sí. Estoy.
-No hay que hablar tanto.
-No.
-Uno no debería.
-Se arruina todo por culpa de las palabras.
-Sí.
-Mirá.
-¿Qué?
-Los pájaros, en la ventana.
-Hace rato que vienen pasando.
-Se va a venir tormenta, me parece, y nos vamos a mojar.
-Sí. Al irnos, nos vamos a mojar.

La canción de nosotros, Eduardo Galeano (via pasajeraentranc)

No me hallaba en ningún lugar y con ninguna persona. Hiciste mal en acostumbrarme a tenerte.

— "La canción de nosotros" - Eduardo Galeano. (via viejaculturafrita)

"Aún no me habéis dicho si uno para ser feliz necesita a alguien, o si puede serlo solo, con todas esas cicatrices que lleva siempre encima".

— Sergio Carrión (via hachedesilencio)

(Source: elartederecaer, via hachedesilencio)

El tiempo crecía, en aquel tiempo, en vez de gastarse; cada día tenía, en aquellos días, mucho más de veinticuatro horas.

— "La canción de nosotros" - Eduardo Galeano. (via viejaculturafrita)

poboh:

Alice in wonderland, Kaneko Kuniyoshi / 金子國義. Japanese born in 1936

(via foxesinbreeches)

foxesinbreeches:

From the series Perfectly Imperfect by Barbara Hazen

A mi me gustan las partes tristes, grises, agrias y dolorosas. Pienso que la felicidad, el amor y la ternura son las partes más fáciles. Esto a la hora de componer un escrito. Porque las tristes no tienen remedio y se colapsan. Son como un muro que se derrumba, como una pintura que se decolora, como un recuerdo que se borra; y nada puede salvarle.

— Las partes tristes, Joseph Kapone  (via hachedesilencio)

(Source: el-escritor-sombrilla, via hachedesilencio)

hachedesilencio:

Tienes que saber algo más

antes de acostarte otra vez.

Conmigo.

¿Te acuerdas de la chica tímida

que a penas hablaba,

y no dejaba de mirar al suelo 

por miedo a caerse?

Bien.

Te hizo el amor

antes de conocerte.

Y reconoce que has sido lo mejor que ha pasado

por su cama

y por su mente.

A veces me cuenta como te sorbía la saliva

con el cuentagotas de su lengua,

como te quitaba la mirada para darte la mano

y llevarla al final de su espalda.

Me habla de la manera que tiene de rozarte

sin ni siquiera mirarte,

de cómo te sabe de memoria,

a conciencia.

De noches y noches de estudio continuo

una y otra vez,

sus manos y tu piel.

De cómo te besa las rodillas

y juega con espasmos y la prisa.

(Que es lo único que no le corres).

De tus labios cuando huelen a flor, 

a la más mojada de su jardín de olvido.

Me cuenta de cómo sus yemas

escalan por tus costillas 

mientras desemboca un río de saliva en tu ombligo.

Me dice que hueles a noche,

a libro abierto de piernas,

a coche, a sexo, a roce, cariño y herida.

Me cuenta que te husmea como un perro guardián

deseando que se dé la vuelta el mundo

para comerse

por fin

al rehén:

TU VIDA.

(Source: juliablow)

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